
El 1 de mayo, día históricamente asociado con la lucha de la clase obrera, se ve marcado por represiones a nivel mundial que reflejan tensiones históricas más allá de coyunturas políticas o económicas específicas. Esta fecha debe servir como un recordatorio de la importancia de la solidaridad de clase y la necesidad de una lucha continua por un mundo más justo y equitativo.
El 1 de mayo de 2024 marcó otro capítulo en la historia de las protestas laborales y sociales. Este día, tradicionalmente dedicado a conmemorar los logros de la clase obrera, también ha sido testigo de demandas reprimidas en varias partes del mundo. Estas represiones son indicativas de tensiones históricas más amplias que van más allá de una coyuntura política o económica. En primer lugar, es importante reconocer el derecho legítimo de la clase obrera a expresar sus demandas y preocupaciones a través de manifestaciones como es tradicional en esta fecha. Además, se debe tener en cuenta que la intervención de las fuerzas del orden, que, aunque supuestamente “son necesarias para establecer el orden público y proteger la seguridad de los ciudadanos” son un instrumento de represión para proteger las prerrogativas que plantea el sistema en torno a la propiedad privada.
En última instancia las represiones de las marchas del 1º de mayo sirven como recordatorio de que la lucha por la justicia social y los derechos laborales está lejos de terminar. Por eso es imperativo que continuemos abogando por un mundo donde todas las personas sean tratadas con dignidad y respeto, y donde se garantice el derecho fundamental a la protesta y el trabajo digno. En este sentido, para lograr capturar la esencia en torno a la conmemoración de este día, es necesario que recapitulemos brevemente el contexto histórico del 1 de mayo de 1886.
Chicago vivió un crecimiento económico acelerado entre las décadas de 1870 y 1890, el cual atrajo una ola enorme de migración para cubrir las necesidades de la creciente industria. La clase capitalista se encontraba intoxicada por el espíritu del Far West, el cual se fundamentaba en el egoísmo y la competencia, y también requería infectar a la clase trabajadora de este espíritu, a toda costa se buscaba evitar cualquier tipo de solidaridad de clase, cultivando la segmentación entre grupos sociales.
Una característica que acompañó esta época, era la violencia de clase que se vivía a través de la represión de las demandas, y el aplastamiento del espíritu colectivo mediante la criminalización de toda forma de organización que tuviera como objetivo el mejoramiento de la vida social de la clase trabajadora. La clase capitalista se valía de herramientas para causar divisiones; además, si esto no bastaba, se llegaban a formar organismos de tipo paramilitares, y se llegaba al extremo de un conflicto abierto sin mediación alguna al enviar a las tropas federales a reprimir las manifestaciones obreras.
Estos, fueron años de crisis económica herederos de la crisis de 1873 en los cuales ante cualquier desequilibrio económico se arrojaba a miles de la clase obrera al hambre y al frío. En estas condiciones, la clase obrera se comenzó a agrupar según origen étnico en un primer momento. En un segundo momento, se comenzaron a unir socialistas y anarquistas a las organizaciones impulsando, nutriendo y agitando el movimiento. Esto tuvo un recibimiento favorable por parte de la clase obrera y el movimiento se comenzaba a perfilar hacia la vía electoral que, igualmente fue saboteada por la clase capitalista.
De esta manera, se comenzaron a agrupar con mayor fuerza las tendencias políticas que compartían el rechazo al reformismo electoral y defendían la violencia revolucionaria. Estas características definían a los Obreros Revolucionarios en Chicago, y con este espíritu se convocó en 1881 a un Congreso Social Revolucionario en Chicago, el cual aprobó resoluciones que versaban sobre la “propaganda por el hecho”, las cuales llamaron a la clase obrera a organizar cuerpos armados de autodefensa, condenar la propiedad privada, el régimen del trabajo asalariado y a solidarizarse de más luchas obreras.
Esta mentalidad caracterizó al Congreso de Pittsburg el cual fue la piedra angular para el desarrollo del movimiento, donde finalmente el movimiento libertario rechazó al electoralismo, y propugnó por la necesidad de la lucha armada para el derrocamiento del capitalismo. De este Congreso devino el nacimiento de la International Working People’s Association (IWPA), la primera organización anarquista en EE. UU, de la cual se decía que marcaba la continuidad de la tradición revolucionaria planteada en la Primera Internacional en 1864, pero con un enfoque más incluyente ya que no rechazaba los elementos del lumpen proletariado y hacía un esfuerzo especial por organizar a las mujeres a través de la postulación de la igualdad de los sexos; se destacaron algunas compañeras como Lizzie Holmes, Lucy Parsons y Sarah Ames.
Miembros de la IPWA quienes visualizaban una disidencia controlada en el movimiento sindical, apostaron por la creación de sindicatos progresistas con una orientación más radical y no se temía a la convocatoria a huelgas. Es así como en 1884 se forma la Central Labor Union (CLU) en Chicago, la cual se constituye en junio de ese año con ocho sindicatos progresistas los cuales llamaron a “la rebelión, en todo el país, de la clase expoliada en contra de las instituciones económicas y políticas”, y ya en 1886 la CLU contaba con 24 sindicatos.
Los anarquistas también participaron activamente en las actividades de autodefensa que formaron organizaciones sindicales en respuesta a la brutalidad policial y militar. Ninguna de las organizaciones se enfrentó con las fuerzas armadas del Estado, sino que su rol era preparar a la clase obrera para la revolución “inminente” y hacer de guardia en protestas y actividades sociales, donde su presencia tuvo un rol que impidió la perpetración de arbitrariedades por parte de las fuerzas del orden público.
Por otro lado, desde la década de 1870 intelectuales y reformistas se situaban por la reducción de la jornada a 8 horas, a través del parlamento y no mediante la acción misma de la clase trabajadora, pero fue hasta octubre de 1884 en que la Federation of Trade and Labor Unions of the United States and Canada, deciden declarar que desde el 1 de mayo de 1886 se estableciera la jornada de 8 horas y que todos los medios para obtener ese fin serían válidos. En un inicio sindicatos conservadores e incluso anarquistas y la IWPA se opusieron a esta perspectiva, ya que se interpretaba como una domesticación del movimiento revolucionario, sin embargo, a finales de 1885 el movimiento anarquista demostró que no únicamente predicaba su credo, sino que también aprendía de la clase trabajadora, que era un movimiento abierto que se constituía a sí mismo en el proceso de lucha.
De esta manera, el 1 de mayo de 1886 sin haber iniciado la huelga, diversas empresas en Chicago ya habían otorgado la jornada de 8 horas a 47 500 obreros y otros 62 500 obreros se fueron a huelga en Chicago, y pocos días después, la huelga era total, con 80 000 obreros en huelga en la ciudad, y en todo EE. UU., fueron cerca de 300 000.
El paroxismo del declive del movimiento ocurrió el 4 de mayo con un espíritu de consternación y coraje por los hechos ocurridos el 3 de mayo donde hubo un ataque a 500 costureras y una represión en la fábrica de Mc Cormick, donde la policía intervino y asesinó a por lo menos 2 obreros, y se visualizó una escena de personas y niños heridos, por ello el día 4 de mayo se convocó a una manifestación en Haymarket donde casi al finalizar, una patrulla de 175 policías apareció bajo el mando del inspector Bonfield exigiendo que se suspendiera la manifestación, sin embargo, se argumentaba que la manifestación era pacífica; súbitamente una persona no identificada arrojó una bomba matando instantáneamente a un policía y dejando heridos a una docena de ellos, esto provocó que la policía disparara desordenadamente y al tranquilizarse la escena yacían unos 70 policías heridos en el suelo, posteriormente la cifra fue de 7 policías muertos y del lado de la clase obrera, se estima que fueron aproximadamente 8 personas, aunque no hay exactitud del dato.
Este hecho marcó un hito en el desarrollo del movimiento ya que se decretó la ley marcial y se desató una persecución hacia los anarquistas y sobre los sectores organizados de la clase obrera. Esta campaña de persecución fue financiada desde los círculos de magnates de Chicago, y en ella se secuestró, interrogó y torturó, incluso a hijos de anarquistas. También cientos fueron a parar a la cárcel donde se les quería hacer confesar conspiraciones y planes demoníacos para incriminar a los líderes, mediante la amenaza de prisión perpetua y la horca, también se les quería hacer confesar a cambio de prebendas, trabajo, dinero e incluso con la libertad y dejarlos de torturar. De todos, sólo tres decidieron traicionar a sus compañeros.
Y fue así como tuvieron los elementos necesarios, sumado a los hechos de la noche del 4 de mayo para ir tras August Spies, Albert Parsons, George Engel, Adolf Fischer, Louis Lingg, Samuel Fielden, Oskar Neebe, Michael Schwab. Del juicio no hubo más que una representación grotesca y protocolaria de una decisión que ya estaba tomada. Parsons, Spies, Fischer, Engel, Lingg, Fielden y Schwab, fueron condenados a la horca, mientras que Oskar Neebe fue condenado a 15 años de prisión el día 20 de agosto de 1886. Pocos días después, el 11 de noviembre, se llevó a cabo la ejecución.
Ahora, comparar las jornadas laborales entre el Sur y el Norte global puede revelar diferencias significativas en términos de duración, condiciones laborales y su impacto en la clase trabajadora. Mientras que en el Norte global se tiende a valorar más el equilibrio entre vida laboral y personal como en Países Bajos, Dinamarca, Francia y Alemania, donde las horas de trabajo semanales suelen ser inferiores al promedio de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), que es alrededor de 36-40 horas, en el Sur las jornadas suelen ser más largas y las condiciones laborales pueden ser más precarias. Estas diferencias pueden influir en la salud biopsicosocial de la clase trabajadora, así como en su calidad de vida en general.
El analizar a los países con las jornadas laborales más largas del mundo podría abordar varias perspectivas. En primer lugar, se podrían identificar los países donde las jornadas laborales son más extensas, según datos de la OCDE, algunos de los países con las jornadas laborales más largas incluyen a: México, Corea del Sur, Grecia, Chile y Rusia Estos países suelen tener una cultura laboral arraigada en la que las largas jornadas son comunes, lo que puede tener implicaciones en la salud y el bienestar de la clase trabajadora, en ellos se trabaja en promedio más de 40 horas a la semana.
En este sentido, es importante analizar las razones detrás de estas largas jornadas, como la cultura laboral, las políticas gubernamentales, la presión económica, además de la alienación. Ya que como señala (Marcuse, 1985) “El rasgo distintivo de la sociedad industrial avanzada es la sofocación efectiva de aquellas necesidades que requieren ser liberadas – liberadas también de aquello que es tolerable, ventajoso y cómodo – mientras que sostiene y absuelve el poder destructivo y la función represiva de la sociedad opulenta. Aquí, los controles sociales exigen la abrumadora necesidad de producir y consumir el despilfarro; la necesidad de un trabajo embrutecedor cuando ha dejado de ser una verdadera necesidad; la necesidad de modos de descanso que alivian y prolongan ese embrutecimiento; la necesidad de mantener libertades engañosas tales como la libre competencia a precios políticos, una prensa libre que se autocensura, una elección libre entre marcas y gadgets”
Por último, vale la pena recordar el mensaje que nos dejó Parsons el 5 de noviembre de 1887 cuando reapareció en The Alarm: “No desfallezcan. Desnuden las iniquidades del capitalismo; denuncien la esclavitud de la ley; señalen la tiranía del gobierno; denuncien la ambición, la crueldad, las abominaciones de la clase privilegiada que se desmadra y deleita sobre el trabajo de sus esclavos asalariados. Adiós. A.R. Parsons. Celda 29, Chicago, Illinois.”
Fuentes de consulta
Cogiola, O. (2010) La crisis de 1873 y la Gran Depresión. En Defensa del Marxismo; Revista En defensa del Marxismo. 38 https://revistaedm.com/edm/38/la-crisis-de-1873-y-la-gran-depresion/
Gutierrez, J. (2010). Los Mártires de Chicago: historia de un crimen de clase en la tierra de la “democracia y la libertad». Nuevaradio.org. Recuperado el 1 de mayo de 2024, de https://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/gutierrez_chicago.pdf
Marcuse, H. (1985). El hombre unidimensional. Editorial Planeta.
OCDE (2024) Índice para una Vida Mejor. Oecdbetterlifeindex.org. Recuperado el 2 de mayo de 2024, de https://www.oecdbetterlifeindex.org/es/topics/work-life-balance-es/
Unam.mx, el primero de mayo (2007) Recuperado el 27 de abril de 2024, de https://revistas.unam.mx/index.php/derecho/article/download/62755/55151/182401

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