La Iniciativa de la Franja y la Ruta y el futuro del liderazgo político de Xi Jinping

Artículo de opinión escrito por nuestro colaborador Eduardo Tzili-Apango.

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Eduardo Tzili-Apango
Colaborador

El próximo año de 2023 la Iniciativa de la Franja y la Ruta cumple diez años de haber sido propuesta por primera vez en aquellos viajes de Xi Jinping a Kazajistán e Indonesia. De acuerdo con el presidente chino, el proyecto se adhiere a la práctica de la globalización económica y apuesta por la reforma del sistema de gobernanza global vía la oferta de una plataforma de cooperación internacional. Esto es así porque, para la actual dirigencia china, el mundo experimenta un contexto caracterizado por las tendencias de la desglobalización –como los proteccionismos, los nacionalismos y los populismos–, por lo que es necesario el mantenimiento de la globalización económica que tanto ha beneficiado al desarrollo de China. En resumen, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) es el proyecto con el que China busca mantener el ritmo de la globalización.

Pero, el proyecto también es parte de la identidad política de Xi Jinping. Si bien es cierto que China ha buscado profundizar su integración con el resto de Eurasia desde la década de 1990, cuando se dio el acercamiento entre China y los países entonces independizados de Asia Central para explorar formas de cooperación e integración regionales (que después darían origen a la Organización para la Cooperación de Shanghái), y particularmente a partir de la Iniciativa de desarrollo del occidente chino, la IFR es el proyecto insignia de la política exterior de Xi Jinping, quien le ha dotado de sus rasgos característicos y quien ha procurado su dinámica. Cuando uno revisa los datos sobre los tomadores de decisiones que han negociado y fomentado la firma de los memorandos de entendimiento –el instrumento con el que Beijing identifica que un país ya se adhirió a la IFR–, Xi Jinping sobresale como el perfil más activo. 

Cara al XX Congreso del Partido Comunista de China, la continuidad de este proyecto parece ser una decisión de prioridad política, pues la percepción imperante en China es el vuelco en el mundo a la cerrazón como resultado del agotamiento del modo de producción capitalista en su fase neoliberal. Cabe recordar el reporte del Banco Asiático de Desarrollo de 2014 advertía precisamente sobre la necesidad de financiar infraestructura en Asia para superación de los límites al desarrollo. Con la IFR, China ha buscado vincular su desarrollo con el de Eurasia, pues la cerrazón proteccionista implicaría la reducción de mercados para la gran productividad china.

Sin embargo, la Iniciativa de la Franja y la Ruta va más allá de un simple proyecto comercial. Aunque Xi Jinping ha reiterado que no importando la etapa de desarrollo en la que se encuentre China, esta jamás buscará la hegemonía, lo cierto es que la IFR es un proyecto hegemónico en el sentido de la obra de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe de 1985, Hegemonía y estrategia socialista. En este libro, los autores afirman que para el establecimiento de lo que denominan como una “democracia radical” es necesario, primero, la formación de un discurso integrador que permita identificar antagonismos a partir de lo cual se definen proyectos para la acción colectiva. Aquí, la idea de “hegemonía” se retoma de Gramsci, por lo que el discurso involucra la socialización del entendimiento sobre lo que el mundo debe ser y lo que no debe ser.

De esta forma, y sobre todo en el tomo III de La gobernación y administración de China de Xi Jinping, publicado en 2020, se pueden leer los objetivos de política mundial de China vía la Iniciativa de la Franja y la Ruta: la no motivación geopolítica, la no formación de bloques excluyentes, la no imposición de modelos de negocios, la no persecución del desarrollo a expensas del desarrollo de otros países. 

La formulación discursiva de estos objetivos permiten entrever que China identifica antagonismos en algunas acciones geopolíticas –como podría ser la formación de zonas de influencia–, en la formación de bloques regionales –expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte–, en la imposición de modelos de desarrollo –capitalismo neoliberal–, o en la búsqueda de beneficios económicos a costa de los demás –mejor conocida como la práctica de “empobrecer al vecino”, que se puede ver como trasfondo de la guerra comercial contra China iniciada por Trump.

Así, la Iniciativa de la Franja y la Ruta impulsada por Xi Jinping tiene un doble objetivo. El primero y más importante: convencer al mundo de los beneficios de mantener el ritmo de la globalización económica. Para esto, y consciente de lo que en China se ha denominado como “poder discursivo internacional”, el gobierno del Partido Comunista de China ha impulsado todo un discurso que identifica procesos mundiales antagónicos como el proteccionismo, el pensamiento de Guerra Fría que lleva a la acción geopolítica y a la formación de bloques excluyentes, o la práctica de algunos países de desarrollarse a costa de otros. Ante estos antagonismos se debe ofrecer resistencia para seguir disfrutando de los beneficios de la globalización. El segundo objetivo es procurar mantener a China vinculada con Eurasia y el resto del mundo a partir de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Debido a que ambos objetivos aún no se cumplen cabalmente, es previsible que la consecución de estos influya en la decisión de que Xi Jinping continúe en un tercer periodo como secretario general del partido y presidente de la República Popular China.

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