Entrevista – El comercio transatlántico de esclavos: historias por recobrar

Una entrevista con la Dra. Tatiana Seijas

Las huellas del pasado están tan presentes como hace uno, dos o diez siglos

Por Lizbeth González & Donaldo Sosa – Miembros de la REGAP

Historiadora y Dra. Tatiana Seijas

En esta ocasión, nos acompaña la historiadora y Dra. Tatiana Seijas, quien ha dedicado su carrera académica al más puro objetivo de la investigación y la ciencia: el bien por la humanidad. En esta valiosa entrevista nos permite conocer un breve retrato historiográfico del comercio transatlántico de esclavos a las Américas, a la vez que nos comparte puntos tan relevantes como la deshumanización de las personas, la importancia del azúcar, la participación de la Iglesia y las Coronas europeas, así como la existencia de un comercio transpacífico y sus comparaciones y contrastes con el proveniente de África.

Además, la Dra. Tatiana Seijas nos habla sobre el proceso de abolición de esclavitud en las Américas y las desigualdades entre la libertad a las mujeres y a los hombres, a la par de darnos un recorrido a las huellas fuertemente presentes de una de las más grandes migraciones humanas y que comúnmente son invisibilizadas. Finalmente nos comparte que es importante seguir con el estudio historiográfico del comercio trasatlántico, para poder darle voz e historia  a las personas que fueron esclavizadas.


A partir de la entrevista con la Dra. Tatiana Seijas, nos damos cuenta de que hablar de esclavitud histórica en nuestros tiempos resulta sumamente complejo y que para comprenderlo debemos de recurrir a la historiografía. Comúnmente, en pleno siglo XXI, caemos en el error de comparar los sistemas esclavistas del pasado -como aquel que estableció el comercio transatlántico de personas esclavizadas provenientes de África hacia las Américas- con las injustas e inhumanas actividades laborales y de explotación a las que muchas personas alrededor del mundo son sometidas en la actualidad. 

Hasta 1981, todavía existían países en los que de manera legal era posible ser propiedad de otra persona, es decir, un sistema propio de la esclavitud sostenido por el Estado. El comercio transatlántico de esclavos, soportado entre 1500 y  1800 precisamente tenía tal característica de la legalidad establecida por los Estados. Esta legalidad ya no existe en nuestra contemporaneidad. 

Durante la etapa del comercio transatlántico, lo distintivo versa en cómo se definía a las personas en piezas; en efecto, se les materializaba, y de ahí que, en palabras de nuestra entrevistada, « en la esclavitud hay un Estado y una sociedad que dice que ‘tú como ser humano no tienes derechos, eres la propiedad de otra persona’ ». 

Para Tatiana, « cuando se usaba la palabra pieza, -especialmente refiriéndose a cómo se registraba a personas transportadas en las embarcaciones que partían de las costas africanas a las Américas-, es la perspectiva del comerciante. Éste habla de piezas porque [para él, los] seres humanos son objetos al igual que, por ejemplo, la ropa o las municiones que iban en el mismo barco. El ser humano era solamente otro objeto que le iba a dar una ganancia al venderlo en las Américas ». Se trata, sin duda alguna, de una deshumanización de la persona y su vida.

Esta deshumanización de millones de personas alrededor del mundo llevó consigo uno de los procesos históricos de mayor orgullo hasta la actualidad -sin recordar el papel del esclavismo- de las entonces potencias europeas: la industrialización, el crecimiento y el desarrollo económico. Esto, para sostenerse requirió principalmente persistencia de las Coronas europeas al recurrir a la esclavitud en aras de la producción del azúcar en plantaciones y haciendas. Este recurso, además de ser utilizado como endulzante, era un energizante barato capaz de sostener toda la vida laboral requerida tanto de esclavos como de obreros y que fue base de la revolución industrial.

Además, cabe recordar tal y como lo menciona Tatiana, que « fue en el siglo XIX que hay una industrialización en el sistema azucarero en diversos países y lo interesante de esa industrialización es que [esto] pasa después de que se supone que se acaba el mercado transatlántico. Entonces, ¿cómo fue que después de que se acaba legalmente el mercado transatlántico, crece exponencialmente la producción de azúcar en lugares como Cuba? »

Imagen por Lesly A. Olivares Quintana

La respuesta a tan profunda pregunta engloba una de las actividades más crueles de la historia, en la que la base de producción del azúcar se centralizaba en la mano de obra esclavizada. Es decir, lo anterior representa un antes y un después con el azúcar, que en palabras de Seijas -quien retoma a Sidney Mintz« por primera vez [en este punto de la historia] todo mundo está tomando su café y su té con azúcar y lo que da ese líquido son las energías baratas que ayudan a que personas con pocos recursos, trabajen en las fábricas ». Una manera tan sigilosa, tan dulce y que sentó las bases de la economía a nivel global, del esclavismo y de la posterior explotación laboral en largas jornadas de trabajo con un salario miserable.

En ese orden de ideas, surge normalmente uno de los mayores y más comunes cuestionamientos, ¿y la Iglesia, cómo sostuvo este sistema esclavista? En primer lugar, es imprescindible resaltar que la Iglesia jugó un papel importante en el soporte y en la práctica de la esclavitud. Es decir, « la Corona tenía oficiales que eran religiosos y oficiales que eran seculares. Entonces los religiosos hacían el trabajo del Estado, y parte del trabajo del Estado era sostener una economía basada en la esclavitud », señala Seijas.

Por un lado, hemos de recordar que hubo muchos pensadores que intentaron dar un significado a ser esclavo, a la esclavitud y al comercio para la Iglesia. Ello implicó que, « en comparación, por ejemplo al Imperio Inglés, en [el] Imperio Español la Iglesia nunca justificó la esclavitud. La esclavitud se reconocía como algo que [estaba] en contra de la ley natural -la ley de Dios- »,  pero que en ese momento existía « en la ley humana, en la ley de las personas ». En concreto, la esclavitud se veía y justificaba en ese momento como la forma preeminente de labor necesaria para sostener la economía. Por ejemplo, « la sociedad de los jesuitas en las Américas [era] de las organizaciones religiosas que fueron dueños de más esclavos que casi cualquier otro grupo. Ellos tenían grandes haciendas azucareras. Entonces esa institución religiosa era una institución también económica ».

Por otra parte, como lo menciona la escritora, en la ley humana se recurre a la esclavización de las personas, y si bien esto lo recordamos como un sistema mundial sostenido por los europeos, Seijas expone a través de la entrevista, que la esclavitud era un fenómeno global. Ejemplo de ello fue que « en China había esclavos hasta el siglo XIX, en Rusia hasta el siglo XVIII y ha habido esclavos en todas partes del mundo ». En otras palabras, desde un recorrido historiográfico, el tener personas como propiedad ha sido común alrededor de la humanidad. Entonces, por el contrario, el que una persona reciba dinero sin que exista a la par un sistema esclavista es algo sumamente moderno.

La Dra. Tatiana comenta que « en términos económicos […] se planifica que el pagarle a alguien es más barato que ser dueño de él. Eso es algo que se explica y que asienten los económicos en el siglo XVIII con el filósofo Adam Smith, y que explica que realmente una de las razones por la cual tenemos que acabar con la esclavitud -como lo empezaban a sostener los economistas-, […] fue porque si eres dueño de una persona, en primero, pagaste un precio para comprarlos, en segunda, les tienes que dar de comer y de vestir y vivienda, así como curarlos de sus enfermedades. En cambio, si solamente le pagas a alguien, una miseria, esa persona -de esa miseria- tiene que dar de comer a su familia, tener una vivienda y todo lo demás. Así que para las personas con capital es más barato pagarle a la gente que tener esclavos ».


Este libro permite conocer más acerca del comercio esclavista transpacífico, además se haber sido escrito por la Dra. Tatiana.

Ahora bien, en otro punto, la investigadora Tatiana Seijas nos permitió profundizar en un tema poco conocido: el comercio transpacífico de esclavos a las Américas -aquel proveniente de Asia-. Nos señala que tal « comercio transpacífico fue algo de décadas y que empezó entre los 1570-80 y acabó en los 1670-80. Fue un comercio que, a diferencia del transatlántico, no tiene una cuantificación tan numerosa ». Seijas hace además una breve explicación sobre la mente del comerciante esclavista, la cual se basaba en las ganancias obtenidas a partir de la deshumanización de las personas, pues en estos años que se permitió tal comercio, « si podías comprar una persona de descendencia asiática, a una persona por ejemplo de Mindanao en las Filipinas, en el mercado en Manila por 50 pesos -o menos- y llegabas a la Ciudad de México y lo vendías por 300; tenían un nivel de ganancia increíble ».

A raíz de lo anterior, la Dra Seijas nos comenta que no es comparable el comercio transatlántico con el transpacífico, ni en el volumen ni en el periodo, puesto que este último « fue corto y con mucho menos personas. Lo que sí tiene comparación es que es el mismo sistema de esclavitud, la misma manera en que las personas son objetos, que las personas tienen precio » y que existe una legalidad de la actividad marcada por el Estado, es decir, la Corona.

En el caso específico de México, en el periodo de la Nueva España, había una multiculturalidad de personas en la Ciudad y centro del país, Seijas aclara que « en otros lugares de las Américas también hubo esa confluencia de europeos, indígenas y africanos, pero la entrada de personas asiáticas realmente pasó en México ».


Ahora bien, en lo concerniente a los procesos de abolición de la esclavitud, es menester recordar que estos tomaron décadas e incluso siglos, y a su vez fueron marcados por grandes contrastes. En sí, mientras en Brasil o Cuba se consolidaron las leyes de abolición de la esclavitud hasta finales del siglo XIX, en México formó parte de las consignas de independencia, aunque se acabó formalmente en 1829. 

Aun así, los contrastes en la obtención de la libertad como en el caso mexicano estuvieron presentes en una cuestión de género que no dio el voto a la mujer hasta 1953. Nos comenta Seijas que, « entonces realmente la representación política para las mujeres es bastante reciente, -y que a pesar de haber sido liberadas de la esclavitud a la par de los hombres, estos- sí pudieron de alguna manera volverse parte del sistema político; tenemos el caso de Vicente Guerrero, grandes personajes de la historia mexicana, hombres de descendencia de esclavos que sí pueden participar y ser oficialmente parte de la creación del país ». Ese no fue el caso de las mujeres, quienes siguieron sin poder tener participación política y ser parte del Estado.

Subsecuentemente, conforme avanza la entrevista, resulta imprescindible recordar que los procesos históricos se traducen en huellas aún visibles en la actualidad. La esclavitud y los preceptos que sostuvieron el sistema esclavista europeo expandido del siglo XVI (1500) al siglo XIX (1800) -como el racismo científico y leyes esclavistas- aunque ya no son válidos aún generan prejuicios y odio en la humanidad. 

Tal aseveración es retomada por Seijas, quien nos comenta que « socialmente el racismo es algo que está sumamente ligado con la historia de la esclavitud. El que personas de descendencia africana reciben tanto daño por la sociedad, y al no ser realmente incluidos socialmente y tener movilidad social… eso sigue siendo en todas las Américas algo [por lo] que tenemos que seguir luchando […] El racismo nos reduce a todos como sociedad ».

En el caso de México, nos narra que apenas se están teniendo pláticas honestas en temas de la familia, pero aún existen retos en otros países, como es el caso de Haití, donde Seijas nos comenta que « después de la independencia de Haití -de los primeros países libres en las Américas-, Francia para reconocer al país, demandó que Haití reparase, que pagase a todos los que antes eran dueños de esclavos por el capital que perdieron. Entonces Haití [pasó] los siguientes 100 años o más pagándole al Estado de Francia y a personas -a los descendientes de los que alguna vez fueron dueños de esclavos- reparaciones de todo el capital que perdieron después de la abolición, después de la independencia ».

Pero algo crucial que rescata la Dra. Seijas es el error a la hora de entender las reparaciones como si fueran destinadas a individuos, cuando en realidad se trata de « algo estructural; es decir, ¿Qué deben [los] países que se construyeron como poderes económicos -especialmente en el comercio transatlántico- a los países chicos que todavía no han podido superar los años de colonización? ».


Así pues, al llegar al final de la entrevista, la Dra. Tatiana Seijas nos recuerda que la recopilación de datos cuantitativos del comercio transatlántico, a pesar de su relevancia para el entendimiento historiográfico de las Américas, es un proceso que lleva relativamente poco tiempo pero es clave a la hora de preservar la memoria de la humanidad. Se trata de millones de vidas e historias que se han intentado borrar, pero cuyas huellas siguen presentes.

En efecto, el primer reconocimiento debe ser « que los mercados de esclavos seguían, que la gente seguía vendiendo y comprando personas todo el siglo XVIII. Por eso fue que en el [siglo] XIX tuvo que haber una abolición de la esclavitud -Brasil y Cuba-, porque todavía había esclavos, muchísimos más de los que se han contado », señala Seijas. 

Finalmente, a manera de conclusión, se trata de una cuantificación de personas esclavizadas del comercio transatlántico e interno de las Américas que como trabajo de investigación tiene por delante no sólo lo respectivo a los datos provenientes de archivos oficiales sino aquellos correspondientes al contrabando. Es una labor ardua con la intención de reflejar y entender cuantitativamente la dimensionalidad de estas actividades económicas, características fundamentales de la vida colonial e independiente de muchas naciones del continente. Esto implica poder « cambiar la narrativa de la historia de la esclavitud en México -y en las Américas-, porque también se piensa que fue algo relacionado con los primeros 100 años de la colonia y que luego desapareció, pero no desapareció, siguió sumamente al centro de la economía. Y hay que cambiar ciertas formas de pensar en el pasado porque nos impacta en el presente ».

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