La desocupación de Afganistán vislumbra otra crisis de refugiados en Europa

Columna escrita por Jonathan I. Santamaría Espinoza

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La crisis humanitaria desatada en Afganistán ante la salida de EE.UU. preocupa sobremanera a Europa. Como si de un ‘deja vu’ se tratase, el viejo continente recuerda cabizbajo la crisis de refugiados desatada en 2015 y de la que hasta la actualidad no tiene respuestas claras. Aquel año, Europa fue testigo de una oleada migratoria que en cifras significó más de un millón de refugiados, quienes huían de la persecución y los conflictos en Siria, Afganistán o Irak. De esta manera, Europa experimentó una crisis humanitaria y política sin precedentes, de la que hubo una nula respuesta comunitaria.

Las consecuencias más delicadas de esta crisis humanitaria vivida en Europa en 2015 son, sin lugar a dudas, el fortalecimiento de partidos y líderes de la ultraderecha en países como Francia, Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, Suecia y Alemania; lugares donde se ha mostrado una clara reticencia a repetir otro éxodo en 2021.

Explicar la inminente crisis de refugiados que una vez más se aproxima al viejo continente, nos obliga a retomar la fallida guerra contra el terrorismo, de donde se desprende la actual crisis en Afganistán, así como otros sucesos en Asia central y Medio Oriente que han desencadenado crisis humanitarias y, como consecuencia, migraciones masivas con dirección a Europa.

En este sentido, la crisis política que azota a Afganistán no sólo puede atribuirse a una guerra librada con los EE.UU., pues Europa tiene mucha responsabilidad que es importante señalar. De este modo, la ocupación de esta nación centro-asiática que tiene como punto de partida a los atentados del 11-S, fue librada por EE.UU. en conjunto con el Reino Unido y el resto de la OTAN.

La denominada ‘guerra contra el terrorismo’, declarada en 2001 y la lucha contra contra Al-qaeda se extendió desde Afganistán a otras naciones y regiones como Pakistán y Medio Oriente, desatando otros conflictos políticos como la Primavera Árabe, la guerra contra el Estado Islámico y más atentados terroristas en el mundo occidental como respuesta.

De todo esto, el accionar de Europa fue el mismo que el de Estados Unidos: expandir al resto del mundo los valores democráticos de occidente, en la búsqueda por la garantía de su agenda de seguridad.

Para el caso de Afganistán, después de 20 años de ocupación estadounidense y de sus aliados europeos en esta fallida guerra contra el terrorismo, el gobierno encabezado por Joe Biden reafirmó la retirada de EE.UU. del país centroasiático para finales de agosto de este año. En consecuencia, la decisión de una retirada no fue bien vista por sus aliados europeos, quienes esperaban un retroceso al ‘America first’ iniciado por Donald Trump.

Europa se encuentra sola, en medio de una tormenta que ellos mismos iniciaron en conjunto con EE.UU., con la puntual distinción de que este último se encuentra a miles de kilómetros exento de la preocupación de una oleada migratoria masiva.

Los números son fríos y crudos: según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en el mundo ya existen alrededor de 2,7 millones de refugiados provenientes de Afganistán, de los cuales, Irán y Pakistán acogen al 87%. En Europa, Alemania es la nación que alberga a más refugiados afganos, con más de 140,000. Austria por su parte se convirtió después de la crisis de 2015, en el segundo país de la Unión Europea en alojar a más afganos con 40,000 refugiados.

Hoy las cosas son delicadamente distintas. La mayoría de las naciones que integran la Unión Europea no están dispuestas a repetir lo vivido en 2015. Austria mostró tajantemente su negativa a acoger más refugiados, mientras que Francia señaló que ha comenzado conversaciones con Alemania y otros miembros de la Unión Europea para preparar una respuesta «robusta, coordinada y unida» para afrontar los flujos migratorios irregulares que la crisis va a provocar.

Turquía, por su parte, enfatizó su negativa a solucionar una vez más el problema europeo absorbiendo más migrantes, pues es importante mencionar que tras la crisis de refugiados de 2015, este país adoptó a más de 3 millones de migrantes sirios. “Turquía no tiene el deber, la responsabilidad o la obligación de ser el almacén de refugiados de Europa”, advirtió Erdogan en un discurso el 19 de agosto.

Ante esta coyuntura, la Unión Europea comenzó a blindar sus fronteras, desde Grecia, quién ha comenzado a extender su muro fronterizo. El Ministro de Migración, Notis Mitarachi, dijo que Grecia no aceptará ser la “puerta de entrada de flujos irregulares a la UE”.

El mensaje para los afganos que están considerando huir a Europa es claro: Si tienen que irse, vayan a los países vecinos, pero no vengan aquí.

La reticente voluntad europea a acoger más refugiados provenientes de Afganistán, solo es una cruda muestra de su negativa a asumir la responsabilidad que el viejo continente tiene en esta crisis. Su compulsiva necesidad de estabilidad les ha explotado en la cara. Sí bien, la política no tiene porqué ser congruente cuando se tienen los elementos de poder para hacer valer su voluntad, lo cierto es que tienen que asumir las consecuencias de su fallida agenda de seguridad.

Sumado a la crisis humanitaria que se aproxima velozmente a Europa, es importante mencionar las diferencias políticas que existen al interior de la Unión Europea para afrontar estas crisis. Las oleadas de migrantes han alimentado discursos de odio e intolerancia hacia los refugiados, víctimas de la migración forzada.

El éxodo que viven los refugiados es una historia que seguirá repitiéndose en el futuro cercano. La única manera de mitigar estas crisis humanitarias es, en definitiva, con un cambio de rumbo en la política exterior de Europa hacia Medio Oriente, África y Asia. Las intervenciones europeas y estadounidenses en estas regiones han demostrado ser una estrategia totalmente fallida, en la que ambas partes se han visto visiblemente afectadas.

Es un hecho ineludible aseverar que la guerra contra el terrorismo ha tenido más afecciones que beneficios y, en esta balanza, la única conclusión es la necesidad urgente de un cambio radical en la estrategia de seguridad con Medio Oriente, Asia y África. Occidente necesita replantear cómo es que se relaciona con los países y regiones que no comparten su visión democrática. El mundo occidental sólo ha dejado ver que la intolerancia radica entre quienes navegan con la bandera de la libertad y la democracia.

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Fuentes de consulta:

Arroqui, M. (2021) Austria rechaza acoger refugiados afganos: «me opongo claramente a que eso ocurra». La Razón. Obtenido de: https://bit.ly/3krcxvA

Gardner, F. (2021) Afganistán: ¿sirvió de algo la guerra más costosa de la historia? BBC. Obtenido de: https://bbc.in/3jgChf1

Gareth, E. (2021) Crisis de migrantes en Europa: el año que cambió un continente. BBC. Obtenido de: https://bit.ly/3klPylL

Mapa mundial de la población refugiada en 2020. (2020) ACNUR. Obtenido de: https://bit.ly/3jh1HsF

McGee, L. (2021) Europa queda expuesta mientras Biden aleja a Estados Unidos del escenario mundial. CNN. Obtenido de: https://bit.ly/3ksUTYv

Riaño, J. (2020) Crisis de refugiados de 2015: Europa aún no tiene respuestas. France24. Obtenido de: https://bit.ly/3Di4FFq

Santana, A. (2021) Europa teme una nueva crisis de migrantes con la llegada de refugiados afganos. France24. Obtenido de: https://bit.ly/2UPmWIQ

Spindler, W. (2015) 2015: el año de la crisis de refugiados en Europa. ACNUR. Obtenido de: https://bit.ly/3jh26eF

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