Aumento de la presencia de China en América Latina y el Caribe: ¿Hermandad estratégica?

Artículo de opinión escrito por nuestro colaborador Joel Antonio Ordaz Ríos

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Joel Antonio Ordaz Ríos
Colaborador

El aumento del protagonismo chino en el acontecer mundial ha crecido a pasos acelerados durante la última década. Esto se puede ver reflejado en que, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Producto Interno Bruto (PIB) de China creció en 8.1%. El gigante asiático ha sabido capitalizar estratégicamente la pandemia por COVID-19 y utilizado para posicionarse en la economía mundial camino a ser una gran potencia.

A la par, China ha creado, en conjunto con sus aliados (en los que destaca Rusia), un contrapeso para las diversas estrategias de dominación unipolar que presenta Estados Unidos. Tanto en los espacios diplomáticos como comerciales, China se mantiene de manera firme, fuera de conflictos bélicos y presenta un esquema multipolar nuevamente. Además, existe una clara tendencia a la regionalización y las alianzas estratégicas mientras la globalización empieza a retroceder.

América Latina no ha pasado desapercibida en la visión de China quien ha dado pasos cada vez más rápidos a formar lazos estrechos con los países de la región. Desde la instalación del Foro China-CELAC, se han firmado tratados de libre comercio, restablecido relaciones diplomáticas, fortalecido las ya existentes y aumentado su presencia cultural, económica y política en la región. 

Sin embargo, este crecimiento tiene el sello de la filosofía marcada desde Beijing, pues como el Presidente Xi Jinping indicó en su discurso dentro del marco de la tercera reunión de Ministros del Foro China-CELAC, él ve en América Latina un potencial similar al que China tiene. El Presidente chino cataloga a la relación como “socios de cooperación integral de igualdad, beneficios mutuos y desarrollo común, […] estrechamente unidos por la aspiración compartida de procurar la independencia, el desarrollo y la revigorización”.

Lo cual se ve reflejado en la manera de expandir su influencia de manera blanda a través de los territorios latinoamericanos. Un claro ejemplo está en los Institutos Confucio con los que China ha logrado acercar a miles a su cultura, lengua y costumbres; ha coordinado la enseñanza del idioma, promovido intercambios académicos y conseguido una presencia permanente dentro de los países más importantes de América Latina. China ha pensado en las generaciones venideras que ostentarán el poder, pues la mayor parte de estos institutos se encuentran dentro de las Universidades más prestigiosas de la región.

La administración de estos Institutos depende directamente del gobierno de la República Popular China y comparte puestos de importancia de manera igualitaria con los actores locales. Esto permite controlar los contenidos impartidos a la vez que crea lazos y se mimetiza con el ambiente local, lo que le permite, a largo plazo, crear alianzas sólidas, basadas en la gratitud y cooperación.

Aunado a ello, en repetidas ocasiones los altos representantes del gobierno de China han dejado claro que su visión con respecto a América Latina se contrapone a la visión imperialista y expansionista que ha vivido la región en su añeja relación con los Estados Unidos. El Ministro Wang Yi resaltó ver en su discurso pronunciado durante la Quinta Sesión del XII Congreso Nacional del Pueblo que América Latina y el Caribe es una tierra llena de esperanza y vitalidad; además, destacó los avances en centro y Sudamérica en materia diplomática y su apoyo al crecimiento de la región.

Pero ¿China qué gana con esto? Lo principal y obvio es el aumento de su poder económico que se ha visto reflejado en un crecimiento en las exportaciones con los países miembros del CELAC. La expansión acelerada de las marcas chinas en todo el territorio latinoamericano ha ampliado la aceptación de sus productos anteriormente percibidos de mala calidad. Actualmente los productos chinos forman parte del día a día y compiten en sectores de alta gama con un precio inferior.

Las empresas chinas en América Latina participan en alrededor de 40 megaproyectos portuarios y en múltiples proyectos en el sector energético. Además, China está interesada en el litio de países como Argentina, Bolivia, Chile y México. Este mineral es sin duda estratégico para las negociaciones económicas futuras y será clave dentro de la reconfiguración geopolítica y económica que estamos viviendo.

Aunado a lo anterior, China ha encontrado en Argentina y Brasil, aliados valiosos en el sector agroalimentario. Ante una baja en la producción interna y una creciente necesidad de aumentar reservas y saciar su mercado, el país asiático ha aumentado en hasta 400% sus importaciones en algunos granos tales como la cebada, el maíz y la soya.

Sin embargo, no es el único vértice de la estrategia, pues en los recientes movimientos políticos derivados de elecciones y cambios en la política interna de algunos países de América Latina y el Caribe, las relaciones sino-latinoamericanas se han estrechado más que nunca. Ejemplo de lo anterior fue el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con El Salvador y Honduras, lo cual implicó el desconocimiento de Taiwán como un Estado independiente, pieza clave dentro de los intereses de Beijing. 

Además, las efusivas celebraciones de los 50 aniversarios de relaciones diplomáticas con México y Argentina han servido para realizar festivales durante todo el año y la firma de tratados y acuerdos. Con Argentina, se firmó un tratado de libre comercio y el país se unió a lo que han llamado como “La nueva ruta de la seda” que busca ser uno de los proyectos económicos de crecimiento conjunto más ambiciosos.

El interés en Centroamérica no es nuevo, desde 2007 China inició campaña de expansión económica, con una mira al desarrollo y apoyo a través de la infraestructura y grandes préstamos como sucedió en África. Costa Rica es el primero de sus aliados en la región; sin embargo, el avance ha sido lento pues la influencia de Washington en Centroamérica es incluso mayor que en sus vecinos del sur, pues muchos de ellos cuentan con gobiernos controlados o influenciados de manera directa desde D.C. 

China debe ser cautelosa con sus movimientos para no agitar aún más a Centroamérica. Esta región ha sufrido durante décadas las pugnas de poder por estar llena de recursos. Otro punto esencial es el Canal de Panamá, en el que China es el segundo mayor cliente y ha realizado inversiones significativas para modernizar y ampliar la estructura de éste.

La relación China con América Latina y el Caribe tiene muchas aristas, cuenta con amistades añejas como la de Cuba quien ha contado con apoyo chino desde la Dinastía Qing; este vínculo se fortaleció hace 60 años con el triunfo de la Revolución Cubana. La relación de Beijing con la región cuenta con nuevos espacios de cooperación gracias al avance de la tecnología y al apoyo que brindó durante la pandemia de COVID-19 a los países latinoamericanos.

China representa una gran oportunidad para América Latina y el Caribe; sin embargo, como en todas las oportunidades, los líderes de la región deberán medir los riesgos, costos y beneficios de estas alianzas. Es necesario endurecer las políticas para que las inversiones y capital que pudieran surgir de esta nueva oportunidad económica sea benéfica para sus habitantes y no solo para las oligarquías que históricamente se han beneficiado de ellas. De esta forma, se buscaría crear una hermandad estratégica, benéfica para todos los implicados y, con suerte, un impulso para una región que requiere progresar desde hace décadas.

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